La amígdala es una masa de materia gris en forma de almendra situada en la parte frontal del lóbulo temporal del cerebro, el llamado sistema límbico. La amígdala es el centro integrador de las emociones, el comportamiento emocional y la motivación, pero es más comúnmente asociada con el miedo. A medida que el sistema límbico se involucra en procesos de memoria y la atención, la amígdala es responsable de determinar qué recuerdos se almacenan en el cerebro y dónde exactamente se almacenan.

La amígdala es una masa de materia gris en forma de almendra situada en la parte frontal del lóbulo temporal del cerebro, el llamado sistema límbico. La amígdala es el centro integrador de las emociones, el comportamiento emocional y la motivación, pero es más comúnmente asociada con el miedo. Los más recientes estudios científicos, utilizando avanzadas técnicas de imagen por resonancia magnética muestran que después de un curso de ocho semanas de mindfulness, la amígdala parece encogerse.

Tu centro emocional

Toda emoción que experimentamos es filtrada por la lente del sistema límbico y la amígdala. Esta región del cerebro, también llamada el cerebro reptiliano, es la parte más primitiva de nosotros, y siempre nos ha apoyado en nuestra supervivencia. Ante cualquier situación de estrés o amenaza, el cerebro reptiliano desencadena el modo de lucha o huida, el sistema nervioso simpático, salvándonos de abrasarnos, morir en medio de un río lleno de cocodrilos o caer de un acantilado. Cuando estamos este modo de lucha o la huida, nuestro cuerpo produce hormonas del estrés (como el cortisol) para ayudarnos a superar la situación límite. Una vez que el peligro ha pasado, nuestro cuerpo vuelve al modo de restauración y reparación, el sistema nervioso parasimpático, para ayudarnos a sanar. ¿Sanar de qué? Del cortisol y otras hormonas del estrés, que son extremadamente perjudiciales. Literalmente degeneran y matan a nuestras células si estamos expuestos a ellas durante largos períodos de tiempo.

Nuestra sociedad moderna ya no se enfrenta a las situaciones de lucha o huida del pasado. ¿Qué provoca hoy una respuesta de lucha o huida en nuestro sistema nervioso autónomo? Una situación de empleo, una memoria estresante del pasado, una situación familiar, una adicción … existen multitud de nuevas fuentes de estrés que siempre conducen a un mismo resultado: nuestro cuerpo está en constante y crónico estrés. Evidentemente, nuestras fuentes de peligro y estrés han cambiado, y esto a su vez posee un componente altamente preocupante: mientras que en el pasado podíamos correr para escapar del león y encontrar una huida en apenas unos minutos (o morir en el intento), hoy no encontramos la forma de huir de muchas de las fuentes de estrés modernas. Nos hallamos constantemente bombardeados por hormonas del estrés. El 90% de nuestras enfermedades físicas y mentales, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), tienen sus raíces en el estrés.

La amígdala está haciendo lo mejor que puede para gestionar nuestra energía emocional, pero nuestro estilo de vida conduce irremediablemente al estrés crónico, una eterna simpaticotonía. Sin embargo, podemos hacer algo sencillo y efectivo al respecto: cuando nos permitimos simplemente relajarnos y sentirnos bien, nuestra amígdala lo interpreta como una señal clara para activar el modo de restauración y reparación; el sistema nervioso parasimpático comienza entonces a trabajar y nuestro cuerpo libera hormonas y neurotransmisores beneficiosos, siendo las endorfinas, las llamadas «hormonas de la felicidad», las más destacables.

Si nuestros problemas nos han atado siempre a las mismas emociones, sintiendo constantemente lo mismo y pensando en las mismas cosas, sentarnos y respirar suavemente puede resultar extremadamente difícil. Sin embargo, podemosa enseñar a nuestro cuerpo cómo cambiar de simpaticotonía (estrés) a parasimpaticotonía (relajación, reparación, sanación), y podemos cambiar literalmente la estructura y funciones de nuestro cerebro mediante la práctica continuada.

Mindfulness: reconfigurando tu cerebro en 8 semanas

La conciencia habita en el cuerpo humano. Este cuerpo es el vehículo en el que experimentamos nuestra realidad, creada a través de la lente del cerebro emocional, el sistema límbico y, específicamente, la amígdala. Al igual que en un coche la energía se transmite desde el motor a las ruedas, en el cuerpo humano la amígdala convierte las señales emocionales del cerebro reptiliano y las interpreta, enviándolas después a muchas otras partes del cerebro. Ocho semanas de práctica continuada es todo lo que necesitas para reconfigurar la forma en la que tu amígdala interpreta estas señales (pensamientos, sensaciones, imágenes y cháchara mental).

La amígdala juega un papel fundamental en la coordinación de las respuestas comportamentales, neuroendocrinas y prefrontales al estrés psicológico que el miedo y la ansiedad causan. La investigación científica muestra que la amígdala en realidad regula nuestra respuesta al miedo y el estrés. A través de práctica de la atención plena, nuestro centro emocional (el sistema límbico y, específicamente, la amígdala) se relaja, lo que en última instancia, desencadena una respuesta parasimpática, con la liberación de beneficiosos neuroquímicos (como las endorfinas) en lugar de neuroquímicos dañinos (como el cortisol y otras hormonas del estrés). Los estudios demuestran que la amígdala basolateral está implicada en la adquisición y representación de refuerzos positivos. Por lo tanto, la amígdala es probablemente una estructura clave para la respuesta comportamental ante situaciones de conflicto, en las que estímulos potencialmente gratificantes y potencialmente aversivos están presentes. Con sólo 8 semanas de práctica, nuestra amígdala se contraerá y relajará, aprendiendo a integrar los estímulos más gratificantes.

El estado de la amígdala es sumamente importante. Si la amígdala no está calmada, no puede interpretar y modular de manera eficaz las señales procedentes del cerebro reptiliano. Una amígdala reactiva provocará constantes respuestas de estrés para ayudarnos a superar peligros, ya sean estos reales o imaginados. Y esto es sumamente importante: vivir una situación límite desencadena simpaticontonía; imaginarla produce exactamente el mismo efecto. Nuestros pensamientos, fuera de control como causa de nuestro caótico estilo de vida, nos llevan una y otra vez al mismo lugar de estrés y ansiedad. La amígdala se aferra a estas respuestas como estrategia de supervivencia, y no desea saber nada del resto de posibilidades emocionales porque no le resultan útiles.

La práctica de la atención plena nos permite convertirnos en el observador objetivo, eliminando de este modo la carga emocional negativa de las imágenes, conversaciones y sensaciones corporales que surgen en nuestra mente. Desarrollando el “músculo” del observador nos damos la oportunidad de elegir conscientemente entre una gama más amplia de respuestas emocionales. A medida que la amígdala se contrae, la corteza pre-frontal – relacionada con las funciones cerebrales de orden superior, tales como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones – se vuelve más gruesa. La “conectividad funcional” entre estas regiones – es decir, la frecuencia con que se activan juntas – también cambia. La conexión entre la amígdala y el resto del cerebro se debilita, mientras que las conexiones entre áreas asociadas con la atención y la concentración se hacen más fuertes.

¿Te preguntas por qué siempre estás preocupado, enojado, triste, deprimido, asustado, ansioso? Esas son las únicas cosas que tu amígdala conocía, sus únicas estrategias aprendidas para ayudarte a sobrellevar el caos y estrés de tu vida diaria… ¡Hasta ahora!

En nuestra práctica diaria de Mindfulness Exercises estamos preparando el cuerpo emocional para caminar en el mundo a través de un «enfriamiento» de la amígdala. Mientras caminamos en el mundo, y gracias a la práctica de atención enfocada, podemos abrirnos a creencias que transformarán la manera en que experimentamos la realidad. Estas creencias serán apoyadas por una amígdala que ha sido calmada, «enfriada», gracias a nuestra práctica diaria de atención plena.

Eric Knouse

Fundador y Director, Mindfulness Exercises

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